A primera vista, un título como este puede parecer que el tema está orientado a la inclusión de las llamadas minorías en el mercado laboral, ya sea con la incorporación de personas con discapacidad, clases sociales menos favorecidas o con diferentes opciones sexuales.
En este momento me gustaría hablar de algo diferente, que no pasa por cuotas ni por el acceso de distintas etnias al ambiente de trabajo.
Quiero hablar de la construcción de equipos ganadores, basados en las características individuales de cada persona, que bien aprovechadas pueden ayudar a alcanzar excelentes resultados, pero que si se descuidan pueden convertirse en el principal factor de fracaso dentro de los equipos.
Partimos del principio de que todos somos diferentes entre sí. Tenemos edades distintas, crianzas distintas, experiencias profesionales distintas, etnias distintas y temperamentos distintos. Existen corrientes que sostienen que no es posible tratar a todos los integrantes del equipo de la misma manera. Pero si tratamos a cada uno de forma diferenciada, ¿no corremos el riesgo de aplicar pesos y medidas distintos a las personas y tener problemas con la tan reclamada igualdad de trato? Este es el mayor riesgo que enfrentan los administradores y gestores cuando intentan complacer a todos y terminan sin complacer a nadie. ¿Es posible entonces ser flexible con cada persona y al mismo tiempo aplicar la misma medida a todos?
A pesar de la necesidad de respetar la individualidad, siempre se debe preservar el colectivo y los valores de la empresa. Es decir, el trato individual es válido siempre que no perjudique a la empresa ni al equipo de trabajo. Cualquier privilegio individual, de quien sea, podrá ser interpretado como proteccionismo y afectará la percepción positiva de todo el equipo. Cuando sea necesario otorgar un beneficio individual, el gestor debe estar atento para que ese beneficio se le conceda a quien lo merece y cuyo mérito sea reconocido por todo el equipo.
Pero la capacidad de crear un equipo ganador no pasa únicamente por el respeto a las individualidades y la gestión de la percepción colectiva. Estos principios son apenas una cuestión básica de mantenimiento de la motivación y la unión del equipo. El secreto de la creación de equipos ganadores es la distribución de actividades para cada persona del equipo, basada en aquello que cada uno sabe hacer mejor y en aquello que cada persona tiene capacidad de generar resultados, conforme a sus características personales.
Se critica mucho la incompetencia en la gestión de algunos líderes, la lentitud de algunos empleados, o incluso la falta de calidad en algún trabajo realizado por alguien del equipo, lo que normalmente afecta todo el resultado del equipo y de la empresa. Tener a las personas correctas en los lugares correctos es la gestión más complicada y más importante para crear equipos ganadores.
En incontables ocasiones he visto a excelentes profesionales técnicos obtener su reconocimiento a través de una promoción a la gestión del equipo, y en muchos casos, esos mismos profesionales que eran brillantes en sus carreras técnicas se mostraron incapaces en sus actividades de liderazgo. Puede parecer dura esta evaluación de la persona como incapaz, pero es la palabra correcta para describir lo que realmente ocurre en estos casos. La persona que atraviesa esta situación es en realidad una víctima de la falta de criterio de quienes deciden quién ejercerá cada rol dentro de la empresa. Y por desconocer lo que se le exige a un líder, o por desconocer sus propias características personales, comienzan a convivir con una frustración enorme ante el desarrollo negativo de su incapacidad profesional. El error está en elegir a esa persona para ocupar una función que no es coherente con su personalidad ni con su experiencia profesional.
Si respetamos las características de cada uno y su capacidad para ejercer las funciones que más se adecuan a su personalidad, daremos un gran paso al iniciar la conformación de un equipo ganador.
Pero nadie nace listo y nadie lo sabe todo. Por eso, es importante invertir también en quienes tienen la capacidad y las ganas de aprender. La capacitación profesional es fundamental para que, cuando surjan las oportunidades, estas personas estén en las condiciones ideales para aceptar nuevos desafíos. La diversidad de perfiles y funciones en el equipo brinda mayor oportunidad de crecimiento profesional. Las personas pueden ocupar nuevas funciones y responsabilidades, ya sean las existentes o nuevas funciones que surjan como fruto de la amplitud de las capacidades del equipo. Eso es lo que garantizará nuevas ideas, formas de innovación y la ventaja competitiva de ese equipo.
En resumen, el secreto de los equipos ganadores pasa por respetar las individualidades, pero solo hasta el límite de los intereses del colectivo. De nada sirve tener un equipo diverso si esa diversidad no está orientada a alcanzar resultados colectivos. Tampoco sirve tener valores colectivos que no estén orientados a promover el crecimiento individual de cada persona. Es un círculo virtuoso que genera resultados cada vez más positivos.
En tu equipo, ¿las personas correctas están en los lugares correctos? En el lugar donde trabajas, ¿el colectivo prevalece y se preocupa por la concreción de cada uno de los sueños individuales?



