Cuando Winston Churchill, aún joven, terminó de pronunciar su discurso de debut en la Cámara de los Comunes, fue a preguntarle a un viejo parlamentario, amigo de su padre, qué le había parecido su primera actuación en la asamblea de políticos.
El viejo puso la mano en el hombro de Churchill y dijo, en tono paternal:
- "Joven, cometió un gran error. Fue demasiado brillante en este su primer discurso en la Cámara. Eso es imperdonable. Debía haber comenzado un poco más en las sombras.
Debía haber tartamudeado un poco. Con la inteligencia que demostró hoy, debe haber conquistado, como mínimo, unos treinta enemigos. El talento asusta."
Ahí estaba una de las mejores lecciones que alguien podría darle a quien iniciaba una carrera difícil. Una buena parte de las personas que ocupan cargos relevantes y que están relacionadas con el poder es mediocre y tiene un miedo evidente a la inteligencia ajena.
Si esto ocurrió en Inglaterra, imaginen aquí en Brasil. No está de más recordar la famosa frase de Antonio Aleixo: "Hay tantos tontos mandando sobre hombres inteligentes, que a veces me pongo a pensar que la estupidez es una ciencia."
No es posible afirmar que la estupidez pueda ser una ciencia, pero en nuestros tiempos la inteligencia se convirtió en un pilar importante de la "ciencia de la computación". Pero, ¿qué es la tan mencionada Inteligencia Artificial (IA)? ¿Sería apenas la capacidad de repetición sistemática de conclusiones de algoritmos que determinan una solución, o sería de hecho la sustitución de la inteligencia humana, y por tanto la salvación frente a nuestros incautos de turno?
Aunque no existe una definición uniforme, generalmente se considera que la IA se refiere a "una máquina que responde a estímulos de manera consistente con las respuestas humanas tradicionales, dada la capacidad de los humanos de percibir, juzgar y actuar. Estos sistemas de software toman decisiones que generalmente requieren un análisis profundo, basado en históricos, con capacidad de establecer patrones a partir de una infinidad de datos, ayudando a prever problemas o a resolver los que surjan. Por lo tanto, trabajan de forma constante, inteligente y adaptativa según la situación.
En este punto, percibimos que la IA tiene un potencial enorme para facilitar nuestras vidas y detectar situaciones que nos llevarían una eternidad en constatar. La combinación de la IA con la IoT (Internet de las Cosas) popularizará pronto este beneficio y pondrá esta capacidad en nuestras manos, incluso en actividades cotidianas.
La inteligencia artificial ya está cambiando el mundo y planteando preguntas importantes para la sociedad, la economía y los gobiernos. Si ya teníamos acceso a mucha información, ahora contamos con una capacidad mayor para seleccionar y compilar información de forma aún más productiva.
No voy a entrar en el mérito de cosas que ya se están convirtiendo en realidad y que habrían parecido irreales hace poco tiempo, como los autos autónomos que saben a dónde ir y cómo llegar solos. Esto es la prueba de que lo que estamos viendo de IA es apenas el comienzo de un futuro que ni siquiera somos capaces de imaginar. Me siento como si estuviera en 1970 y alguien intentara explicarme el potencial de Internet. Es difícil prever todo lo que está por venir.
Pero una cosa es cierta. Los inteligentes seguirán existiendo y sabrán usar de la mejor manera posible todo este aparato tecnológico, mientras los menos intelectuales seguirán despreciando la inteligencia. Nada estará a la altura para quienes acostumbran descalificar el resultado y la capacidad ajena, sea de una persona o de una máquina.
Tengo que admitir que, en general, los mediocres son más obstinados en la conquista de posiciones. Saben ocupar los espacios vacíos que dejan los talentosos displicentes que no demuestran el apetito necesario. Otra gran habilidad de quienes no son elegidos con la debida inteligencia es el hábito de resguardar sus posiciones conquistadas con verdaderas murallas de granito por donde los talentosos e inteligentes no puedan pasar. La tecnología también es víctima de esta estrategia proteccionista. ¿Cuántas veces escuchamos esa famosa frase de que ya no se hacen las cosas como antes? Pues respondo: menos mal que no estamos haciendo las cosas como antes, y que hoy existen caminos mucho más prometedores.
Lamentablemente, tenemos que vivir según esas reglas absurdas que convierten el avance tecnológico en una especie de defecto ante la vida.
Hoy en día, la habilidad de pasar a veces por menos inteligente o moderado en sus posiciones es la mayor prueba de inteligencia emocional. Y ese es el camino que la Inteligencia Artificial está conquistando, porque en ese aspecto es más inteligente que la inteligencia humana, ya que sabe entrar en nuestras vidas de forma discreta y sin confrontar los cerebros humanos recelosos. Así no perciben en ella una amenaza, y no tendrán cómo defender sus empleos y sus posiciones actuales. Si ya estamos cerca de ver la sustitución de las mentes brillantes por la inteligencia artificial, imagine lo que podemos esperar que ocurra con quienes luchan contra ella.
Entonces, no hay vuelta atrás. El consejo más inteligente en este caso es aprender más y estar aliado con todas estas novedades.



