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Altos vuelos

Rucelmar Reis ·4 de noviembre de 2022 ·4 min de lectura

Altos vuelos

Estoy aquí esperando el embarque en un vuelo que ya lleva más de 1 hora de retraso. El aeropuerto de Curitiba está cerrado por falta de visibilidad. Curioso que la única zona sin visibilidad en la ciudad sea exactamente la zona del aeropuerto.

Solo puede ser que el tal Murphy haya participado en el proceso de elección del lugar de este aeropuerto.

La sala de espera es un caos, con personas amontonadas, mirando a su alrededor, sin nada que hacer, más que observarse unas a otras. Me pongo a imaginar qué tipo de comentarios pasan por la cabeza de cada persona que está aquí. Parece que hasta puedo escuchar a las señoras criticando los zapatos y la vestimenta de la burguesa hippie que acaba de entrar. Y a los altos ejecutivos censurando la corbata rosa con traje marrón del sujeto con perilla.

Lo importante es que están intentando encontrar algo con qué distraerse. Algunos, como yo, sacan sus juguetitos tecnológicos y adoptan la pose de que están trabajando. Otros no tienen cómo disimular, y se quedan observando y analizando a las personas, como por ejemplo la señora aquí a mi lado que intenta desesperadamente leer lo que estoy escribiendo en el Notebook. Tranquila señora, después le paso el link del Blog.

Hay que ser comprensivo, porque todo lo que rodea el tema de volar no es sencillo. Ya existe polémica desde la discusión sobre quién fue el inventor de la aviación y hasta hoy parte del mundo sigue en desacuerdo con la otra parte. El hecho es que no fuimos hechos para volar, y lograr esta hazaña siempre genera reacciones insólitas. Quizás por eso vemos estas cosas extrañas en los aeropuertos.

Todo empieza por el hecho de que todos son obligados a llegar con mucha anticipación, con excepción (claro) del avión que casi siempre se retrasa. Pero eso es solo un detalle, porque llegar con anticipación es lo mínimo que podemos hacer para pasar la vergüenza en el escáner de rayos X (con esa moneda o llave que se empeña en quedarse en el fondo del bolsillo) o presenciar la danza de las puertas de embarque en São Paulo, que siempre por reubicación de la aeronave, nunca corresponde a la puerta indicada en el tiquete.

No es de extrañar entonces toda esta inseguridad de las personas desde la sala de embarque. Incluso en los días sin congestión como hoy, las personas no están del todo cómodas. Prueba de ello son los comportamientos que veremos en las escenas de los próximos capítulos, que ni hace falta ser adivino para anticipar, porque siempre ocurren:

Cuando los altavoces anuncian un vuelo, veo tanta gente corriendo hacia el embarque que me queda la impresión de que el anuncio fue de incendio en el lugar, tal es la vorágine de algunos por llegar a la fila. ¿Acaso no saben que existen asientos asignados? Pero no hay caso... todos salen corriendo.

En los aeropuertos donde el transporte hasta los aviones se hace en autobús (caso de São Paulo), la carrera en la fila tiene aún menos sentido, porque los últimos en subir al autobús serán los primeros en bajar y, por consiguiente, los primeros en abordar la aeronave. ¿Se entiende? Para aeropuertos con "fingers", el acceso a la aeronave es más tranquilo, pero siempre existe esa fila en la entrada de la puerta del avión. Una vez más me pregunto: ¿por qué salir corriendo de esa manera? Debería llegar a la conclusión de que todos deben ser fanáticos del avión y quieren experimentar cuanto antes la sensación de volar.

Dentro de la aeronave comienza el verdadero empuje y acomodamiento para que todos encuentren su lugar. Después de algunos malentendidos y discusiones, que demuestran que algunos realmente no saben diferenciar letras o números en los asientos, empiezan las instrucciones del equipo de abordo. Lo que para muchos es rutinario, para otros la novedad de la información puede impactar, ya que para alguien que nunca ha despegado, enterarse de que las máscaras de oxígeno caerán del techo en caso de descompresión puede aumentar aún más la inseguridad. Hay que admitir que algunos colegas malintencionados (como yo) pueden haberle convencido a alguien que vuela por primera vez de que este tipo de demostraciones y orientaciones solo ocurren en vuelos de MUUUUCHO riesgo, lo que sin duda deja a ese pasajero aún más asustado. Pero las bromas con los novatos son normales, y aquellas recomendaciones de no abrir la ventana para no echar viento a las filas de atrás, u orientaciones para que el novato pida recibo del consumo a bordo para futuro reembolso, ya no son tan frecuentes. Las personas saben qué esperar de un vuelo y cada día aumenta el número de usuarios de la aviación.

Durante el vuelo, todo se calma y las azafatas comienzan a servir las bebidas y los refrigerios.

Algunos aprovechan el público cautivo que, dicho sea de paso, no tiene cómo abandonar el lugar, y empiezan a mostrar sus dotes, ya sea de presentador de sus ideas, hablando en voz alta, o de galán con las azafatas. Estos últimos olvidan que están tratando con profesionales que lidian con sujetos así todo el tiempo. Recuerdo a aquel sujeto que al ser tratado de "Señor" suelta la célebre frase a la azafata: "SEÑOR está en el cielo, querida". Y ella con toda la educación responde: "¿Y dónde estamos ahora, Señor?".

Pero si estas personas disfrutan tanto de volar y del espectáculo a bordo, no entiendo por qué al llegar a su destino ni siquiera esperan a que el avión estacione bien y ya sueltan los cinturones de forma frenética y se ponen de pie, con el cuello torcido y la cabeza apoyada en el maletero de arriba. Y claro, permanecen así, tensos, durante varios minutos.

Cuando la puerta de la aeronave finalmente se abre, se produce una nueva carrera y un nuevo empuje. Todos ahora enloquecidos por salir lo más rápido posible.

Lo peor de todo es que la mayoría todavía va a quedarse de pie afuera, esperando largos minutos por el equipaje.

¿Entonces... no dije que volar no es fácil? Pero lo más difícil es entender por qué todos actúan así.

Rucelmar Reis

Rucelmar Reis

Sócio Fundador · C-Level · Board Member · Advisor · Mentor

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